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En la India las vacas son sagradas, una sacralización dudosa, sin embargo; han dejado de ser rumiantes campiranas para convertirse en rumiantes citadinas; deambulan por todas partes, son de verdad city people: como cualquier indio de la clase baja, viven a la intemperie y en la ignominia. Escuálidas, su piel es cenicienta y desgarrada y, como los parias, se alimentan de los desechos que las otras clases van dejando. En Calcuta tuve la dudosa suerte de comprobar con mis propios ojos cómo cambiaban en un santiamén de estatus: los campos invadidos por las ciudades se transforman en suburbios y los animales domésticos, como los albañiles que construyen los fraccionamientos en los alrededores, sobreviven hacinados al lado de las carreteras o en las calles.
A quienes llegamos de fuera, nos parece que las vacas son inútiles en ese país: muy flacas- costillar de fuera- mueven sin cesar la cola para espantar a los insectos sacrílegos que se las comen vivas, como vampiros; casi no tienen leche y su carne está prohibida a quienes profesan la religión hinduista.


Sí, van coronadas de moscas, como Io, la joven semidiosa griega, a quien Hera, celosa por el deseo que su belleza y juventud despertaban en Zeus, transformó en ternera, acosada por tábanos: “voraces aladas, sedientas bestezuelas, infamantes ángeles zumbadores la perseguían”, escribe Blanca Varela.

En el campo es distinto, su vida es amable y se las venera en templetes con estatuas que las representan; se las adorna con guirnaldas de flores rojas o anaranjadas y borlas de colores. Cuando enferman, los campesinos rezan como si alguna de sus hijas fuera a morir y cada vez que nace un becerro se hace una celebración presidida por un sacerdote. En la ciudad lacustre de Udaipur, en cambio, las vacas se estacionan como los coches junto al lago y allí pasan la noche: tienen dueño, pero no establo. ¿Cómo lo tendrían en un país donde los árboles suelen cortarse para que la gente tenga dónde vivir, aunque sea de pie?
Aunque no sean comestibles para los hindúes, son y han sido siempre una fuente de energía; con estiércol de vaca se abonan los campos, se hacen ladrillos para los muros y se alimentan sus hornos y braseros. Costumbre milenaria que empieza a difundirse apenas ahora en Occidente: recientemente la BBC difundió una noticia importante en este momento en que la crisis alimenticia se hace cada vez más grave, debido al uso de gramíneas para producir combustible. Mohammed Saddiq, ingeniero de una firma inglesa, desarrolló en Bristol un automóvil que funciona con gas metano. ¿Cómo?, pues, simplemente, como funciona la bosta de las vacas en la India: “!De la boca al estómago. Del estómago al inodoro. Del inodoro a la cloaca y de la cloaca… al automóvil, explica Saddiq! En pocas palabras, este es el procedimiento para producir combustible limpio del que se abastece este vehículo. Si hacemos a un lado las diferencias internas que le permiten rodar con metano, es igual a cualquier auto común y corriente”.
Explica que este tipo de coche puede alcanzar la misma velocidad que uno normal. Al andar tampoco se sienten diferencias, repite, y, para saciar la curiosidad de muchos, se confirma que, pese a que las heces y otros desechos son la materia prima de su combustible, el tubo de escape no despide ningún olor desagradable. Sirvió como antecedente una planta de tratamiento de aguas residuales que produce biogás. Las aguas que llegan allí a través de las cañerías de la ciudad son sometidas a procesos de filtración y se depositan luego en unos gigantescos digestores anaeróbicos. Este lodo recibe calor, y sin oxígeno, las bacterias de la materia orgánica se descomponen y producen energía. Como la planta proporcionaba más gas del necesario, la empresa encargada de las instalaciones decidió aprovechar el sobrante y nació la idea de crear un automóvil que funcionara de esa forma.
Quizá nuestros políticos podrían tener alguna utilidad si los transformásemos en metano…

 

En octubre pasado fui de nuevo a la India: en Jaipur el palacio aún pertenece al marajá, de vacaciones en Inglaterra, nos comenta el guía: es pomposo y con su voz estridente de barítono cuenta chistes insulsos y enumera las prohibiciones a las que estaremos sujetos, estar siempre cerca de él, mantener en el pecho el distintivo de nuestro grupo, el mío es de color de rosa como la ciudad que hoy visitaremos: recorrer los lugares sin distraerse, atender a sus explicaciones e, invariablemente, reírnos de sus chistes.  Aprovecho una pausa, enfrente del autobús hay una zapatería; me bajo corriendo, romp de inmediato el pacto tácito al que nuestro guía  quiere obligarnos a cumplir; atravieso la calle sin tomar en cuenta que el tráfico circula a la derecha y por tanto corro riesgo de morir aplastada por una motoriksho, entro en la tienda  y en un santiamén y casi sin medírmelas me compro unas babuchas blancas de punta redonda, tachonadas de brillantes, como el cine Alameda de mi infancia, cuyo techo  azul profundo se veía interrumpido por millares de estrellitas. Regreso satisfecha, el guía me mira disgustado;  los pasajeros han recibido sus botellas de agua potable reglamentaria ¿me moriré de sed cuando visitemos el palacio y sus patios asoleados?   Enfrente de nosotros un bello edificio color de rosa: el Hawa Mahal, palacio de los vientos: desde sus 953 ventanas las damas de la corte espiaban lo que pasaba en la ciudad.  

 

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La entrada es de mármol y la guardan lujosos elefantes, pintadas su trompas de pinturas estridentes: se usan como  bestias de carga y símbolo de alcurnia; hacen juego con un lugarteniente ventrudo cuyos bigotes  sobrepasan su rostro, rizados en espiral; su traje es el tradicional del Rajastán: los pantalones bombachos, los zapatos bordados y terminados en punta retorcida, ancho cinturón morado del que pende un alfanje, turbante en rojos y dorados, cuidadosamente enrollado, jubón carmesí decorado con medallas e  insignias, manteniendo su porte marcial, a pesar del enorme volumen de su vientre. Lo rodean siempre varios niños –  ojos negros y  brillantes-, logran retratarse a su lado con sus madres y hermanas,  mujeres ataviadas con saris de seda teñida de color de siena, cadmio, magenta,  púrpura, amarillo canario, verde nilo, cinabrio, azul.

Pasamos a su lado con cierta indiferencia y entramos al palacio, la puerta principal es de bronce, obviamente muy pesada; al cerrarse sus hojas reproducen el rugido de un tigre-  animales ahora casi en extinción en la India-, al abrirlas barritan los elefantes. De inmediato,  mis compañeros de viaje empiezan a sacar fotos, sus cámaras son digitales, último modelo, es inútil enfocar lo que habrá de retenerse con un solo ojo, como se solía hacer con las cámaras normales, dato importante si se quiere mantener el rostro sin las inevitables  arrugas que marcaban el lado superior derecho de la cara de los fotógrafos profesionales o amateurs,  tampoco existe el peligro de que los rollos se velen y se han eliminado por completo  los preparativos químicos laboriosos, por ejemplo, los que desplegaba el viajero y fotógrafo francés Isidore Charnay cuando visitaba los sitios arqueológicos de Yucatán en el siglo XIX.

El palacio es enorme, numerosos patios y edificios con extensos salones y cúpulas labradas en estuco; las paredes pintadas de rosa con espejitos incrustados, como mis babuchas blancas – aunque aquí cambie el color-, no en balde a Jaipur la llaman la ciudad rosa,  nombre que le fuera impuesto cuando en 1876, en ocasión de la visita del Príncipe de Gales, el marajá en turno ordenó que toda la ciudad fuese pintada de ese color, incluyendo la muralla, dándole así el aire romántico de un cuento de hadas, hasta ahora vigente para seducir a los turistas; sus muros interiores semejan un inmenso tapiz parecido a los que luego compraremos en los almacenes situados en las ruidosas calles de la ciudad, hacia donde y sin compasión nos conducirán invariablemente nuestros guías. 

 

 

En la India

 

1.- Para la autora la casa y el cuerpo son una y la misma cosa. Hay que acercarse a ella como si se tratase de una envoltura,  como una matriz donde se engendra lo más querido y lo más íntimo.

2.- Bello libro de Mónica Mansour: hermosas e inquietantes fotografías de Patricia Lagarde, pinturas y collages de Arturo Hinojos y José Antonio Hernández, publicada con esmero por Artes de México en colaboración con Conaculta.

casa del arquitecto Barragán

3.- Se inscriben varias ideas que sobre la construcción han emitido famosos arquitectos; hace suyas las palabras de Curzio Malaparte: “Quisiera construir para mí y enteramente con mis manos, piedra por piedra, ladrillo por ladrillo, una ciudad como yo. Me haría arquitecto, albañil, peón, carpintero, yesero, haría todos los oficios, para que la ciudad fuese mía, verdaderamente mía… Una ciudad que se me pareciera, que fuese mi retrato y al mismo tiempo mi biografía”   

4.- La casa es una ciudad pequeña, así como la ciudad es una casa grande, explica Mónica, pidiéndole prestadas sus palabras a Alberti, el gran arquitecto italiano del siglo XV, quizá el principal inspirador de este texto, además, claro, de la propia labor artesanal que Mónica Mansour ha desarrollado en ésta su profesión adquirida, en la que es autodidacta: estudió matemáticas,  se destacó en  la semiótica, además de escribir novelas, cuentos, poemas y ensayos; luego, y por esas vueltas de la vida que todos conocemos, se ha dedicado a la traducción y a la construcción.

5.- La casa se concibe como un rompecabezas, se arma lentamente y sus piezas parecen no concordar nunca, objetos inexplicables, inútiles, aislados; sólo cuando empiezan a juntarse con paciencia, mucha paciencia, se integran como un todo armónico.

6.- Una casa debe armonizar con su ciudad, inscribirse en una tradición; como el cuerpo la casa tiene memoria, una memoria histórica.

7.- El vicio de Mónica es semejante al del personaje de La vida, instrucciones de uso de Georges Perec: pintar paisajes, mandarlos reproducir en madera coloreada y fragmentarlos en piezas para convertirlos en rompecabezas y una vez armados hacerlos desaparecer o volverlos a cortar en fragmentos dispersos totalmente distintos de los que tuvo la primera vez.

+ Casa mexicana ideal y moderna:  Arquitecto Barragán

8.-Sólo podrá vivirse serenamente en una casa si hay una coherencia constructiva, las asimetrías no pensadas, aparecidas por casualidad o por deficiencias de quien hace los planos o de quien construye siguiendo esos planos ocasiona una disonancia, un malestar.

9.- ¿No le sucedió eso a Mónica quien tuvo que comprarse otra casa y reconstruirla porque aquélla en la que vivió muchos años con gran felicidad se convirtió de repente en su enemiga, una casa habitada por fantasmas o por radiaciones o refracciones  de of all things! la telefonía celular. Una casa arruinada por la más alta tecnología,  una antena que emite radiaciones dañinas: enferman, desequilibran, producen náuseas, lo obligan a uno a abandonarla, como esos objetos o seres intangibles que destierran a los habitantes de la casa tomada que construyó Cortázar. Cortázar hizo el cuento y muchos años después Mónica sufrió las consecuencias.

10.-Y, obviamente no es fácil. Aquí leemos sus peripecias, sus trabajos para encontrar y negociar un terreno, la mala fe de los vendedores, los problemas de intestados o de documentos incompletos,  la lidia con los delegados, subdelegados, ingenieros, empleadas y empleados, la rabia al verificar por ene vez la falta de transparencia y de de agilidad administrativas sin importar qué partido se encuentre en el poder; no dar mordidas y perder por ello infinitamente el tiempo como consecuencia; comprar materiales, dejarse estafar o pelear para no dejarse; tratar de conseguir buenos albañiles y no encontrarlos, y antes un buen maestro de obras, especie en desaparición y, como en el cuento, armar una casa es cosa de nunca acabar. Pero, me contradigo, este libro es la prueba de que una casa puede estar bien construida, aunque sea hecha en México.

La Castañeda II

Hablaba yo de la locura en este mismo espacio. La locura tal y como la había concebido el porfiriato al construir La Castañeda, una de sus últimas actividades, entre las que conmemorarían el centenario de la Independencia. ¿Alguna conexión con lo que sucede hoy? ¿Una especie de arco triunfal al estado inexistente? ¿Es o era vista la locura como un furioso desvarío? ¿Un descenso a la animalidad? Si se observan los ojos de los alienados de la Castañeda parece reiterarse la animalidad, sí, la que ejercen los animales cuando parecen humanos, una animalidad perpleja: su mirada perdida causa fascinación y provoca un silencio, el cuál, como diría Foucault, está “habitado solamente por el hormigueo inmundo que los rodea”.

Ninguna furia, sin embargo. De las fotos que he tenido a mi alcance, no se muestra ninguna de epilépticos, una de las principales razones declaradas por las que el edificio fuera construido, idéntica razón por la que durante la época grecolatina se aislaba a los poseídos por la enfermedad sagrada y, en la Edad Media y aún en la Edad Moderna, los vinculaba con los endemoniados.

¿La Castañeda como exorcismo?

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También residían allí quienes habían nacido con síndrome de down, los autistas y los enfermos mentales con discapacidades, todos ellos encerrados en el Pabellón de Imbéciles, explica Andrés Ríos Molina en su Diario de campo.

Los alcohólicos, considerados como la principal causa de degeneración social durante la dictadura, ocupaban una región especial en este asilo, intento positivista para modernizar la psiquiatría; también habitaban allí los sifilíticos en su última fase; los paranoicos; los que después serían llamados esquizofrénicos y quienes padecían de demencia senil o de idiotismo.

 

 

 

 
Manicomio General La Castañeda
 
La Castañeda, ca. 1910, SINAFO, Fototeca Nacional
Memoria 20/10 © Derechos Reservados

Una fotografía me llama especialmente la atención: varias jovencitas se arremolinan en torno de un loco. Sus cabezas muy bien peinadas me impresionan, llevan el pelo suelto, bien escarmenado y con pasadores para sujetarlo y evitar que sus cabellos enloquezcan. Otras, sí trenzan su cabello, marcan la raya en medio. Visten uniformes de color oscuro -¿el azul marino estatutario?- redondos cuellos, chalina anudada y puños blancos almidonados. Las dos figuras principales, las más cercanas al inquilino de la Castañeda, están de perfil, las demás miran y sonríen. El loco, también de perfil; su frente contrasta con la de las adolescentes: parece cortada a tajo por un hacha y su única oreja es enorme y, colocada exactamente encima de ella, una gorra. La frente de las jovencitas se continúa en línea recta para acentuar su normalidad y su sentido del decoro. La frente del demente se hunde para subrayar una deformación craneana; lo destina a ocupar uno de los jergones malolientes tirados en el suelo de la enorme cámara donde se hacinan los orates en indecorosa proximidad. Con el dedo índice levantado y colocado en su boca, les impone silencio o tal vez les exige que le presten atención: la obtiene. Viste un overol de mezclilla ( las clases antes se distinguían por la ropa que portaban), debajo usa una camiseta blanca; su cuello desnudo sobresale, es robusto y sano. La expresión de benevolencia en el rostro de las jovencitas se antoja falsa; es obvio que se sienten incómodas y sólo una de ellas sonríe abiertamente como con sorna. Su arreglo es a todas luces la muestra impalpable del decoro, se enfrenta a la indecencia de la locura en un intento de acercamiento entre los dos mundo que casi se rozan: muestra perpetua de filantropía.

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No usan sombrero, sin embargo.

Los contrastes del uniforme oscuro, la blancura deslumbrante de los cuellos y los puños almidonados de las jovencitas recalcan la separación, la ostentación de un orden que pretende colocarse a la altura del progreso en un movimiento que exige separar lo normal de lo patológico, lo turbio de lo inmaculado. ¿Pero, qué es lo normal y qué la enfermedad? ¿Quién alcanza la normalidad, quién la patología, las visitantes o el orate que las conmina a callar?

La Castañeda

Cristina Rivera Garza me mandó varias fotografías sobre este manicomio fastuoso (por su arquitectura) que casi nadie recuerda, allí había locos reducidos “a la impersonalidad conceptual” de la falta de nombre, exceso de presencia y desconocimiento de sí mismos, locos detenidos en su pose demencial: una joven de larga cabellera y vestido decente se deja retratar asumiendo sin saberlo la silueta y el grito que hicieran famoso a Edvard Munch. Los locos – locos  y sus espectadores, los que visitan al asilo como si se tratara de un zoológico, los que inauguran un sitio de reclusión como símbolo del porfiriato y las fiestas del Centenario en el año de inicio de la Revolución Mexicana, la última gran construcción de don Porfirio, edificio diseñado por su hijo, con el objeto de equiparar a México con las grandes ciudades modernas: un monumento singular para el aislamiento de quienes con su patología degeneraban a la raza. 

1.Da mucho en qué pensar ahora que nos preparamos en condiciones de locura a celebrar los centenarios, el de la Dependencia y el de la Revolución mexicana ¿Está vigente la revolución?

Manicomio de La Castañeda

Manicomio de La Castañeda

2.Sobresale la voluminosa presencia de las mujeres oficiales con sus enormes tocados, sus abombados trajes que con recato arremangan para poder caminar;  los señores con bastones, bigotes, cuellos almidonados y altos sombreros, acompañados por generales cubiertos de condecoraciones y con un sable en la mano. Enfrente, quizá,  un loco en posición marcial con pantalones cortos, una jerga como sarape, la gorra ladeada, zapatos deslavados y sucios, en lugar de las botas acicaladas del soldado, y una escoba como arma reglamentaria. Familias aristocráticas, diplomáticos, funcionarios, militares y niños bien han sido invitados a contemplar y celebrar una escena plural interpretada por muchos agentes a la vez, entre pulsiones, instintos y actores involuntarios.   

3.Si se revisan con atención las fotografías, resaltan las cabezas,  las de los señores y las señoras ataviadas con derroche escrupuloso; las cabezas rapadas de los internos, desnudas  o cubiertas  con una venda,  un harapo o una gorra. Un loco ataviado como monje budista avant la lettre: túnica blanca hasta las rodillas, manta oscura sobre los hombros  y cabeza y pies desnudos. Peluqueros despeinados afeitan las cabezas de hombres  sentados dócilmente con la cabeza gacha en los grandes patios del manicomio semejante a un convento: los internos dejan asomar los dientes, disparejos, monstruosos;  algunos, ostentan colmillos de vampiro o de hombre lobo.   La mayoría con los dientes cariados, desiguales o simplemente desdentados.    

4.La decencia y la locura, en suma, dos encierros.

5.Contraste entre miseria–locura y decencia-riqueza: las camas y la pocilga, el edificio elegante, desde fuera, miserable por dentro, escuela de niños locos y de adultos locos: las niñas de esceula que visitan el asilo observan, pudibundas y morbosas.

Niños locos reunidos en el ptio de la Castañeda

Niños locos reunidos en el ptio de la Castañeda

6. “Loco¨, el hombre que ha perdido su juicio… La etimología de este vocablo tornará loco a cualquier hombre cuerdo, porque no se halla cosa que hincha su vacío. …Entre tonto, bobo y loco hay mucha diferencia…, por causarse estas enfermedades de diferentes principios y calidades. La una de la cólera adusta y la otra de abundancia de flema…; loco atreguado, es quien tiene dilúcidos intervalos, haciendo con él tregua la locura. Loco perenal, el que perpetuamente persevera en su locura. Proverbio: ‘El loco por la pena es cuerdo’; este proverbio se verifica en los mismo locos de las gavias, a los cuales castigan los que curan de ellos, y entonces no temen como hombres, sino como animales, de la manera y forma como el caballo y el perro o cualquier otro animal se sujeta a la disciplina temiendo el castigo. ‘ Más vale el loco en su casa que el cuerdo en la ajena’….

7. Locura. Insania, dementia, etc. Loquear, hacer locuras o burlarse y holgarse descompuestamente.  Casa de locos es el hospital donde los curan(¿?).

¿Quién les ha impuesto la locura?

Años luz

retablo de Issenheim

retablo de Issenheim

Estuve en París, en Lyon y en Madrid,  donde escribí estas líneas. Participé en las actividades de la Feria del libro de Bron-Lyon y del Salón del Libro en la Ciudad Luz -literal porque salió el sol-, y pude realizar varias actividades: visitar la exposición de Suzanne Valadon y su hijo Maurice Utrillo, juntos por primera vez en la Pinacoteca de París; una exposicion de fotografía,  la del suizo-norteamericano Robert Frank; una interesante y bella colección de objetos y pinturas de Daniel Cordier en el Pompidou;  la casa-museo del escultor Aristide Maillol (en un retrato, idéntico a León Tolstoi) para ver la colección de los pintores futuro-cubistas rusos,  coleccionada por  George Costakis, hijo de una familia de comerciantes griegos establecidos en Rusia a principios del siglo XX, y, una retrospectiva en el mismo museo de Seraphine de Senlis, pintora naïve de enormes naturalezas muertas donde se admiran ramos gigantescos de flores de brillantes colores y cuya vida acaba de ser filmada con gran éxito, lo que aumentó el número de visitantes; luego estuve en el recién restaurado convento de los bernados en cuyo bellísimo refectorio se despliega una serie de pinturas que el poeta, ilustrador y pintor Gérard Titus-Carmel hizo inspirado en la Crucifixión que  Mathias Grünewald pintó en el retablo de la iglesia de Issenheim en Colmar. En Madrid volví a ver, entre escalofríos y admiración, una retrospectiva de Francis Bacon y en el Thyssen una exposición sobre el arte y su sombra. 

Costakis nació en 1913 y murió en 1990, pasó la mayor parte de su vida en Moscú como chofer de la embajada griega en la URSS, hasta 1939, año en que el pacto Molotov-Ribentropp puso fin a las relaciones entre ambos países; durante la guerra y, después, acompaña a los visitantes distinguidos a las galerías de anticuarios que compran arte ruso antiguo y cuadros y esculturas modernos trasladados por los soviéticos a la URSS, principalmente desde Alemania, cuando ganaron la partida. Carente de formación artística pero con gran sensibilidad para el arte, Costakis comienza una colección de iconos y maestros holandeses; descubre de pronto un cuadro de Olga Rozanova y a partir de ese momento se interesa en los artistas de principios del siglo XX en Rusia, esos grandes pintores e ilustradores cuya revolución artística fue violentamente soslayada y perseguida por los comisarios  estalinistas propulsores del realismo socialista.

Liuvov Popova, paisaje

Liuvov Popova, paisaje

Con ojo certero fue coleccionando en su departamento- museo más de 1277 pìnturas, dibujos, acuarelas, porcelanas y revistas de los más destacados miembros de la vanguardia rusa, entre otros, Malevich, Popova, Tatline, Rodchenko, Kliune, Klutsis, Stepanova, Udalsova, Matiuchine, Fiónov…  Pinturas únicas, capaces de convocar con sus formas geométricas y su colorido extraordinario una luz que emana casi milagrosamente de la superficie plana de los cuadros.  A pesar de las persecuciones y de los graves problemas que tuvo que enfrentar con las autoridades soviéticas, Costakis logra que casi la mitad de su colección la adquiera la Galería Tetryakov de Moscú; abandona  la URSS antes de que caiga la Cortina de Hierro, se establece en Grecia  y el resto de su colección es comprada por esa nación en el año 2000.   

La serie intitulada Suite Grünewald de Gérard Titus-Carmel, artista al que desconocía por completo, me permitió admirar un edificio medieval abandonado durante mucho tiempo en pleno barrio latino y recordar a ese extraordinario pintor renacentista cuyo retablo famoso exhibe a un Cristo descarnado cuyo sufrimiento y pasión se concentran en sus pies y en sus manos y también en las extremidades de su madre, las santas mujeres y los dos Juanes, expresividad que Titus-Carmel  resalta, además de inundar sus pinturas de sangre, esa sangre que Grünewald intentó lavar cuando, al volverse protestante y no poder por eso mismo pintar más retablos, se convirtió en maestro jabonero y en arquitecto de  jardines y juegos de agua.

Últimas noticias

1.- El derretimiento de los glaciares alpinos devela misterios no sólo sobre la antigüedad, sino también sobre el calentamiento, revelan datos fascinantes sobre la vida neolítica en la alta montaña y abren puertas para entender el cambio climático.

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Parque Nacional Los Glaciares, Argentina

2.-Victoria’s Secret ha lanzado el sostén más caro del mundo. Adriana Lima, la super modelo brasileña, muestra el brassiere incrustado en diamantes con valor de 5 millones de dólares.

3.- HOUSTON – André Thomas, condenado a muerte en Texas y con una historia de desorden mental se sacó el ojo izquierdo y avisó a las autoridades de que se lo había tragado.  Fue arrestado por apuñalar a su mujer, a su hijo de tres años y a su hija de 13 meses, además, les abrió el pecho y les arrancó los corazones.    

Death Row Eye

Cuando lo arrestaron se arrancó el ojo

4.- Científicos en Estados Unidos identificaron un gen que, dicen, podría influir en la producción de un tipo de anticuerpos que neutralicen el virus VIH causante del SIDA.

5.- Las primeras fotos de los mellizos de Brad Pitt y Angelina Jolie, Knox Leon y Vivienne  Marcheline, fueron publicadas el domingo en los sitios web de las revistas de celebridades People y ¡Hola!/Hello!, cuyas ediciones impresas con la exclusiva ya están en los kioscos de periódicos. 

brad-pitt

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